jueves, 11 de junio de 2026

Los espacios en el cine de Siminiani



Un diálogo entre Anatxu Zabalbeascoa -por “la arquitectura”- y Elias León Siminiani -el cine- decidí cuando lo vi anunciado que no podía perdérmelo e ipso-facto ya teníamos las entradas correspondientes. Fue ayer, como un acto más del BARQ, bajo el título de “Éxodo urbano”, en el Auditori del CCCB.
El moderador, Ivan Blasi, pidió una inicial intervención de cada uno para presentarse, que fue lo que más me gustó, por el enorme campo de posibilidades que abría.
Se vio inmediatamente que ya lo habían discutido y acordado así, porque Anatxu en seguida se puso a comentar un carrusel de -magnificas- fotografías de todo el mundo que había preparado y que aprovechó para repasar su trayectoria como periodista, encuadrada inicialmente en su puesto como responsable de las páginas de Arquitectura de El País -“su periódico”, como lo llamó-. Trazó un recorrido con caída del caballo estilo Saulo incluída, una caída que ella situó en Medellín, donde una Biblioteca Pública ejemplo de la nueva Arquitectura se había construido en medio de extensas zonas de auto construcción (y, añado yo, se erigió en terreno neutral entre ambas zonas, dominada cada una de ellas por una banda que no dejaba penetrar a los del otro lado, pero eso ya es otro tema). Allí vio que la gente vivía, en realidad, fuera de los edificios que ella ensalzaba desde las páginas de su periódico. Y se preguntó -dijo- por ese 95% de construcción que dejaba fuera el únicamente 5% de real arquitectura que le dijo un arquitecto que se hacía en el mundo. (Entre paréntesis, diré que explicó ese chiste celebrado entre arquitectos, que sitúa a Frank Lloyd Wright respondiendo como solución a dar sobre una gotera que cae sobre la mesa: que se debe cambiar de sitio la mesa).
A partir de entonces, señaló, se interesó muchísimo por esos arquitectos que construyen con lo que está ahí, con lo que disponen en el entorno (y mientras comentaba eso, ocupaba la pantalla una imagen de unas casas recientemente construidas en un poblado teniendo en cuenta la amenaza de unas inundaciones).
Siminiani, por su parte, se aferró a esa última frase de Zabalbeascoa, que expresó definía muy bien su tipo de cine, emparentándolo con ese tipo de obras arquitectónicas: Construir lo que está ahí, filmar con lo que tienes. Y, a continuación, dio un repaso a lo que había ido haciendo en cuanto a cine y a series. Una de las pocas obras que creo he visto en casi su totalidad (todo lo que ha tenido difusión, quiero decir).
Blasi le sugirió entonces pasar uno de sus ensayos iniciales, de esos “Conceptos claves del mundo contemporáneo” que fue haciendo, y se pasó “El tránsito”, que contiene muchas de las características de su cine posterior, y del que explicó muy elocuentemente su origen: pasando una temporada en Nueva York, se vio obligado a vivir en Queens, con lo que a diario debía formar parte de esa masa de gente que emprende, para ir y volver de su trabajo,un penoso y largo trayecto. El corto, culminó, fue su venganza, cobrada ante ese penoso sacrificio al que se vio obligado.
Fue en este periodo inicial de auto-presentaciones en el que Zabalbeascoa, a petición de Blasi, resumió -dando muy bien todas sus claves- lo que le atrajo de esa pequeña joya que es “Arquitectura sentimental 1959”, lo que se completó con una de las escenas de la película y con el descubrimiento que indicó Siminiani había hecho de que absolutamente todas sus películas están cruzadas por un especio que es el que lo provoca todo, que resulta ser el epicentro de la historia que cuenta.
Todo eso fue la amplia introducción, que sirvió también por ejemplo para hablar de los contrastes entre arquitecturas de diferentes estilos. Pero el tema era otro, casi hasta entonces olvidado, como es el del “Éxodo urbano”, y aquí me permitiré preferir mil veces charlas a las que he asistido oyendo de temas de éstos con geógrafos como, por ejemplo, Oriol Nel.lo, yendo al fondo de la cuestión de manera ordenada y en progresión, y no picoteando de aquí y de allí según lo oído o sentido desde la zona de confort de cada uno.
Porque salió un poco de todo (la ciudad como inversión, el turismo, los precios de la vivienda, la destrucción de una arquitectura… para luego recrearla en un edificio nuevo, los supuestos núcleos regeneradores como el del edificio de la Filmoteca -!!!-, etc.), pero más como charla de café, sin datos trabajados, profundidad y, en ocasiones, conocimiento. Antes los debates que organizaban los arquitectos tenían una solidez muy superior.
Pero vaya: me quedé con que Elias León Siminiani está acabando una película que le ha llevado tres años de trabajo, centrada en el fuego y los incendios forestales, lo que le llevó a acabar diciendo que lo que sí ha sacado en claro es que ese sentimiento que toda una generación tuvo de lo bueno de ir a vivir con la naturaleza como vecina está y va a cambiar radicalmente.




 

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