lunes, 1 de junio de 2026

Lissy

Lissy, eficiente y simpática expendedora de tabaco y caramelos en un céntrico local berlinés, acosada por su jefe.


Pero enamorada de éste, administrativo de una empresa.

Siempre con dificultades económicas.

Ayer volví a ver una película del que quizás fue el más prestigioso realizador de la RDA, Konrad Wolf, pero en esta ocasión en Arte, donde se podrá aún contemplar hasta el 18 de junio. Se trata de “Lissy” (1957).
Es bien curioso que si su “Tengo 19 años” recordaba mucho al cine soviético, ésta se emparienta totalmente con el cine alemán de la época en la que se desarrolla el inicio de su trama, que acaba comprendiendo todo el proceso de ascensión al poder del nazismo. La agitación brutal de la gran ciudad me pareció muy bien lograda. Se notaba, viendo elementos como los bordillos de las aceras, que todo estaba reconstruido en decorados de estudio, pero al emplear tanto extra y la naturalidad de lo retratado daba perfectamente el pego.
Una voz femenina en off ofrece a lo largo del film unas pocas frases -posiblemente sacadas de la novela de Franz Carl Weiskopf que adapta- que sitúan los sentimientos de la gente, y especialmente la protagonista, Lissy. Todo sigue al dedillo el desarrollo que nos ha llegado en cuanto a los acontecimientos, afín por completo a la historiografía del Este europeo. Pero lo que más asombra es el derroche de habilidades cinematográficas desarrollado por Wolf, con escenas que podrían entrar sin problemas en las antologías de las mejores escenas de vanguardia expresiva del momento.


Y un hermano que no admite su triste situación.





 

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