Doble sorpresa ayer al llegar a Bescanó, donde se celebró el encuentro que anualmente celebran los socios de la Federació Catalana de Cineclubs, con su estatutariamente obligada asamblea, en la sede de uno de ellos.
La primera sorpresa fue, en vez de la pequeña representación esperable al haberse decidido celebrar en un lugar que, en principio, no se distingue por sus facilidades de transporte público, coincidir con una numerosísima presencia de cineclubistas, llegados de todo el ámbito de la Federación. Creo recordar que se registraron representantes (uno o más de uno por entidad) de unos treinta y seis cine-clubs, de entre los 66 que hay actualmente federados.
Como documento curioso, en anexo cuelgo la relación de todos los cineclubs federados y su distribución geográfica, lo que puede ayudar a que, a su vez, gente que desconozca su existencia pueda contactar y disfrutar del cine con ellos.
La segunda sorpresa fue el dinamismo y eficacia organizativos para llevar a buen puerto un acto como éste (de los que hay que felicitar tanto al staff de la Federació y a su junta como a los componentes del Cineclub Bescanó) y dar con las impecables instalaciones en que presentan sus películas los del cineclub.
Se trata de un teatro, actualmente municipal, reformado totalmente en este siglo, pero procedente de uno inaugurado hace ochenta años como teatro para los trabajadores de la Fábrica Grober, que en su día fue propiedad de la familia del cineasta Pere Portabella. Fachada y cabecera del escenario, de magnífico empaque, se mantuvieron en la restauración, complementándolas con obra nueva que complementa un modernísimo Hotel d’Entidades de la localidad.
No sólo tuvo la reunión sus apartados “oficiales”. Después de una comida que respondió a las expectativas que surgen cuando se habla de toda esa zona del Ter y la cercana Vall de Llémana, por la tarde Esteve Riambau presentó y luego contextualizó una muestra de películas de Laya Films, la productora del Comisariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya durante el periodo de la guerra civil. Pidió excusas varias veces por aguar las alegrías de la completa comida previa con el pase final de “Catalunya Mártir”, donde se ponen en cruda evidencia (con la fallida intención de hacer rectificar a Francia y Gran Bretaña del hipócrita Tratado de no Intervención) las consecuencias de toda guerra, recordándonos que en esa ocasión no ocurrió en un territorio lejano, sino aquí mismo. Me volvió a golpear esa imagen de desolación con la que cierro el álbum de fotos de Bescanó y la historia que encierra.
Hoy domingo completaban allí la cosa con un acto recreativo-científico, un paseo por la ribera del Ter guiados por sabias manos, al que, sobre todo por no disponer ya de coche y deberme a quienes me acompañaron y llevaron, este año no he asistido.
El año que viene ya se sabe que la cita será en Castelltersol. Esperemos que se desarrolle lo bien que ésta, podamos asistir y disfrutarla.











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