No quise ir a ver “La gallina” (György Pálfi, 2025) en el Festival D’A, pero amigos que fueron se sorprendieron y me la dejaron bien. Lo que ahora (cuando la he visto porque estará hasta el 24 de agosto en Filmin gracias a formar parte del Festival Atlántica 2026) he visto es que, además de ofrecer un punto de vista inédito del mundo (el de una gallina, inicialmente pollito feo), sin dejar de mostrar los males que nos presiden, tiene toda una primera parte, durante la que se mantiene intacta la sorpresa, de lo más divertida.
Jesús Franco no gana para desengaños en “El extraño viaje” desde la muerte de sus padres. Invoca al tiempo pasado continuamente: “¡Con lo buenas que estaban las peras del huerto de papá!” ¿Cuáles podrían ser esas riquísimas peras del huerto de papá, a conservar en la memoria? Aquí –Cine- se intenta recopilar y dejar visibles las impresiones a vuelapluma, en general sin documentación ni análisis previos, de la reciente visión de alguna película que me haya causado buenas vibraciones.
domingo, 2 de agosto de 2026
sábado, 1 de agosto de 2026
Sí
Hay ocasiones en que una situación llega a tal grado de horror y absurdidad que, para reflejarla bien, solo cabe lo grotesco y la parodia. El baile inicial de “Sí” (Nadav Lapid, 2025; en Filmin - Atlántida Film Festival), recordando a los más desenfrenados de “La grande bellezza”, para entendernos, sería un ejemplo de ello. Y, para confirmarlo, te muestran a continuación una reproducción de una de las corrosivas obras de George Grosz, por si no quedaba lo suficientemente claro.
En el Tel Avid más sofisticado el músico protagonista y su mujer viven como animadores de ese tipo de fiesta, si bien las noticias del móvil, dando parte de la incursión y brutal escabechina de Hamás en Israel el 7 de octubre de 2023 y de las masacres correspondientes (“se va a abrir un procedimiento para investigar que la han provocado”, acaban todas las notas oficiales de prensa) desatadas por el ejército israelí en Gaza, les interrumpen en varias ocasiones.
“La sumisión es la felicidad”, se oye en la película, y esa parece querer ser (dejarse ir, taparse los ojos y seguir, incluso admitiendo componer una canción que anima a la barbarie) la postura del músico, si bien vemos que la conciencia no le deja seguirla de forma constante.
Excesiva en todos sus parámetros (149 minutos…), en sus alternancias de ritmo y músicas (a la más atronadora le sigue la balada melódica más popular), en sus cambios de tono, etc., personalmente agradezco a Lapid que haya hecho esta película, sin duda reflejo de su angustia personal interior por la deriva de su país, coherente con la postura que mostraba en sus películas anteriores.
Molestará a unos cuantos, pero yo la situaría como una de las de más interés del momento.
sábado, 25 de julio de 2026
I love Perú
Filmin colgó ayer un buen lote de películas especiales. Son las del Atlántida Mallorca Film Festival.
Para abrir boca escogí una de las más breves y ligeras, lo que por aquí diríamos una auténtica “pocasoltada”, I love Perú”, de Hugo David y Raphaël Quenard (2025), con este último también como actor principal.
A Raphaël Quenard se le ha visto antes como actor, siempre haciendo sus elaboradas, concienzudas y con resultados risibles consideraciones, en películas como las de Quentin Dupieux, de donde es más que probable que haya sacado y exprimido hasta el límite su comicidad.
Rodada y montada “aquí te pillo y aquí te mato”, pasa por momentos dulces, bien divertidos, hasta que llega a cansar por la machaconería en que se insiste en sus bromas
viernes, 24 de julio de 2026
Apuntes para una ficción consentida
Ayer abrí la cartelera (es un decir, porque ya se sabe que ahora es bien difícil encontrar una…) y no di, a primera vista, con ninguna película que me atrajera lo suficiente. Al final consideré arriesgarme con la que creía para mí desconocida Ana Serret, y el riesgo al ver su “Apuntes para una ficción consentida” (2024; en el Cinemes Girona y Zumzeig), fue recompensado: no hay otras películas así ahora o recientemente en cartel. “Así” quiero decir que no siga el esquema habitual, conocido hasta la saciedad, que se repite sin cese, sabiendo ya anticipadamente tú, como espectador, los esfuerzos que va a cubrir y todo lo que te puede ofrecer.
Lo curioso fue que, después de regresar anoche a casa, molesto por la asquerosa humedad que lo impregna todo, pero muy satisfecho por la sesión, me enteré de que había visto la anterior película de su directora, “El Sr. Liberto y los pequeños placeres” (2017), y que también me había resultado muy interesante. Autora a seguir habemus, pues…
Oí hace poco quien me decía que viendo el primer plano de una película ya sabe si ésta va a valer o no la pena. Pues bien: el primer plano de los “Apuntes…” es de los que te hacen pensar que lo que vas a ver sigue su propio camino, y puedes esperar lo mejor. Lo describo.
Una chica (Violeta Rodríguez), que luego sabemos quiere ser actriz, se encuentra asomada en un balcón de una casa con fachada de ladrillos, abiertas las dos hojas de la puerta del balcón detrás suyo de par en par. Pero en seguida se rompe con la idea costumbrista: está mirando fijamente a la cámara y es su voz (en off) la que nos guiará por la trama. Rápidamente piensas que vamos a seguir sus actividades y ella será la protagonista, pero no es así. La protagonista es una suiza alemana que vino a España hace unos años, que también tiene proyectos teatrales, y es su compañera de piso (Isabelle Stoffel). Ella seguirá siendo durante toda la función únicamente la narradora.
A partir de ahí, la acción -que no detallaré- se desarrolla a saltos entre Madrid -el Madrid, diría, de Jonás Trueba, con cuyas películas guarda un cierto parentesco el film- y Basilea. Siempre siguiendo los intentos de la protagonista por realizar sus proyectos y unas cuantas notas de situación de ambos lugares.
En una ocasión, la vemos reflexiva y descubrimos que se encuentra junto a su antiguo marido, director teatral, ante un cine con el cartel de “La paura” (imposible no relacionar su estado con el de ella) y otras dos películas de Rossellini con Ingrid Bergman…
Pasado un tiempo, me asaltó la idea (no sé si del todo cierta) de que las escenas se iban resolviendo sin música alguna. Y, tras pensar eso, surgió una escena en la que un nuevo conocido toca, en una casa, el piano, con lo que tenemos música en directo, diegética, que a continuación acompaña, ya de forma no diegética, la salida de la casa de los amigos, toda ella con una puesta en escena muy coreográfica, que acaba con la pareja -ella llevando a pie su bici, caminando calle arriba.
Ese mismo piano suena luego con las imágenes de uno de los tránsitos a Basilea y se nos queda sonando para dar el tono de otras escenas, hasta que descubrimos que no se trata sino de una grabación que está oyendo ella… hasta que se quita los auriculares.
Para rematar,en los títulos finales de crédito suena una preciosa y dinámica Tarantela.
Para dar cuerpo y sentido a su título, por el final la película da pie a unas escenas que ofrecen, con un sentido plenamente documental, un abanico de tiendas tradicionales supervivientes (de pasada se ve, por ejemplo, Caramelos Paco) y reflexiones sobre la gentrificación muy certeras, como la de ese librero que se reconoce un símbolo de la gentrificación del barrio a donde se ha visto obligado a trasladarse en busca de costes de alquiler más baratos para su negocio.
Una agradable sorpresa, que espero ya no lo sea tanto (por ya habitual) cuando toque la próxima película de Ana Serret.
miércoles, 22 de julio de 2026
Rosita la cantante callejera
Cuando vemos el principio de “Rosita, la cantante callejera” (Ernst Lubitsch,1923), ya creemos estar ante un Lubitsch de toda la vida: el rey está en una sala palaciega con sus manos en la mesa. De repente aparece un brazo femenino que deposita su mano en esa misma mesa por la izquierda, luego ocurre otro tanto por la derecha, y así sucesivamente, hasta que se cambia el encuadre ampliando el plano y vemos que es porque está jugando con tres jovencitas. Cambio a otro plano con una gran puerta, que se abre de par en par. Un sirviente deja entrar a un personaje masculino, para desesperación del rey.
En la película también se mueven multitudes, pero no es ya Egipto lo que representan sus decorados, sino una Sevilla recreada en estudios ya no alemanes, sino hollywoodianos. Lubitsch ha ido a Estados Unidos para rodar con Mary Pickford, que con unas caídas de ojos de las que la hicieron célebre, es la cigarrera cantante… de la que se encapricha el rey.
El pueblo de Sevilla se mueve y agolpa en las algaradas como en los Caprichos de Goya, el vestuario (de Mitchell Leisen…) y el peinado del rey lo han sacado claramente de un retrato del pintor, y los palacios andaluces contienen cuadros célebres españoles.
Lubitsch, además de hacer desarrollar el cuento, piensa y ejecuta con mano maestra unas cuantas escenas cómicas, como es aquella en la que la destartalada familia de la cigarretera al completo decide acompañarla en la carroza que le ha fletado el rey, captando primeros planos de detalles (los pies que ascienden uno tras otro por el taburete hasta la carroza) o esa otra escena en la que se ve a Rosita (Mary Pickford), ya en una enorme sala del palacio, dando discretos y disimulados paseos ante la fuente de fruta que, a pieza por tramo, va cayendo.
Hay un problema con las copias que se encuentran en YouTube. Unas que van con Intertítulos traducidos al ruso, subtituladas en inglés o español están en muy mal estado, y de tanto en tanto se congelan. Pero otra muy bien restaurada y hasta con subtítulos en español, resulta que va a trompicones y presenta todo el cuadro -incluyendo subtítulos- muy cortada por arriba y por abajo…
lunes, 20 de julio de 2026
La mujer del faraón
El rey etíope.
La reina etíope y su servidumbre.
No una gran, sino una enorme superproducción fue “La mujer del faraón” (Ernst Lubitsch, 1922; con copias en YouTube en buen estado y subtituladas, fotogramas congelados sustituyendo los planos perdidos).
Se dice que fue lo bien que se manejaba en este tipo de superproducciones, con cientos de personas corriendo o a caballo en cuadro, decorados realmente faraónicos y trama sentimental superpuesta llevando la intriga, lo que hizo que llamaran a Lubitsch a Hollywood.
En ella se desencadena hasta una terrible guerra entre etíopes y egipcios por el loco amor despertsdo en el faraòn por una esclava griega.
Las sirvientas etíopes van con un pelo afro muy divertido, a lo caníbal de TBO, con una maderita como lápiz para fijarlo.
El faraòn
Al faraòn sòlo le interesan de la hermana del rey etíope sus ricas joyas
domingo, 19 de julio de 2026
La Virgen de la Tosquera
Desde luego consigue ambientes bien enrarecidos “La Virgen de la Tosquera” (Laura Casabé, 2025; en M+). Ambientada en la época de los inicios de los chats en una Argentina en caída económica y con continuos cortes de luz y de agua, denunciada sarcásticamente por Milei en locuciones por una televisión entregada a concursos y programas de evasión, está basada en relatos de la ahora muy ensalzada Mariana Enríquez.
Las tosqueras -lo explican en la propia película- son canteras abandonadas que adquieren una situación de lo más metafóricas cuando se acumula en ellas agua, formando embalses considerados muy peligrosos.
A una tosquera acuden las adolescentes, ansiosas de “debutar”, protagonistas de la película. Sobre todo esa niña de rostro siempre serio, atormentada con tensiones de clase y de otro tipo.
jueves, 16 de julio de 2026
El gato montés
“El gato montés” (1921; en YouTube) es otra (ésta disparatada) comedia en cuatro actos de Lubitsch.
Llena de personajes caricaturescos, soldados de opereta al mando de un oficial Mecachis qué guapo soy, forajidos muy primitivos dirigidos por una zíngara (Pola Negri) rodeada de secuaces masoquistas.
En realidad es casi un western de broma, que cambia el desierto por la nieve y decorados de comedia musical.
Muchos planos tienen un passepartout para focalizar o ayudar al carácter de la escena y Lubitsch deja en ella diálogos y otras bromas muy suyas que te hacen soltar la carcajada.
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