viernes, 29 de mayo de 2026

Numakage Públic Pool


He aquí una película muy adecuada para quienes les gusta seguir sorprendiéndose de lo diferente que es la sociedad japonesa.
Su primera escena ya nos pone sobre aviso: vemos dos poderosas grúas móviles de brazos articulados procediendo a demoler el voladizo que cubría la grada de una de las piscinas protagonistas de “Numakage Públic Pool” (Shingo Ota, 2025; visible en Filmin gracias a ser un programa del Docs Barcelona, pero sólo hasta el 1 de junio), mientras que dos obreros provistos de potentes mangueras riegan toda la zona, para que no se levante ninguna polvareda. Eso solo puede darse ahí…
Esa imagen nos avanza lo que va a pasar, pero la película registra la cuenta atrás hasta el cierre y demolición de las populares piscinas públicas Numakage, ahora asediadas por una serie de condominios que han surgido en los últimos años. Quieren ubicar ahí una nueva escuela.
Ese proceso lo visualizan como el cumplimiento las cinco fases de todo duelo:
1/ Negación, incredulidad
2/ Ira
3/ Negociación
4/ Depresión
5/ Aceptación
En cualquier caso, todas esas fases nos permiten a nosotros espectadores captar, incrédulos, cosas como el orden con el que proceden las familias visitantes a entrar en el recinto y luego esperar para entrar en el agua, los inesperados 10 minutos de descanso ordenados desde un altavoz y seguidos a pies juntitas por los visitantes y ese anuncio posterior de evitar saltar al agua para regresar a ella, contar hasta seis policías llegados para llevarse detenido a un pobre homosexual acusado de ir a la piscina para hacer fotos a otros hombres, las increíbles medidas de seguridad ante cualquier accidente que se toman en el recinto, un vigilante que reprime a un padre que lanza a su hijo a la piscina o las periódicas arengas al ejército de jóvenes salvavidas del sitio.
Pero la película no se contenta con ser la nostálgica cinta (con una algo empalagosa musiquilla por un final que noto excesivamente reiterativo y ternurista) que despedirá a la piscina, sino que comporta también otro tipo de miradas, ajenas a ese proceso. En este sentido, me parece ejemplar la secuencia en que se ve a un hombretón durmiendo junto a su anciana madre y cómo ésta, desconocedora de la orientación sexual de su hijo, empieza a hacerse preguntas cuando ve el minúsculo y florido bañador que se ha comprado o le trae a casa a un orondo amigote.


El nutrido grupo de salvavidas.



La silenciosa procesión de niños acompañados de sus padres, sin salpicar.

El gerente del sitio. 

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