Ricardo Íscar se suma en “Herencia” (2026; en Filmin/Docs Barcelona hasta el 1 de junio) a otros cineastas que han seguido el proceso de exhumación de los cuerpos de cuatro jornaleros asesinados durante los primeros tiempos de la guerra civil.
Pero su documental se llama “Herencia” porque eso le sirve para explorar las ideas y circunstancias de sus familiares. La finca donde se va a efectuar la exhumación es suya, heredada de su familia y, seguramente, él ha querido también analizar, con miedo pero decisión, qué lleva él de la sangre de sus abuelos, la mayoría partidarios de Gil Robles y la CEDA, y explora lo que puede haber de incriminatorio en los archivos de esos tiempos tan terribles, respirando y recalcando cuando recoge algún gesto humanitario familiar, señalando que también hubo entre ellos quienes sufrieron persecución por las ideas contrarias y, no se olvide, idos a buscar por incontrolados para acabar tiroteados junto a una carretera. También la herencia recibida y transmitida circula por la película en ese casi silencioso homenaje final a su madre y sus cosas, como en esas otras escenas en que aparece con su muy pequeño hijo, al que debe enseñar que la nieve no quema, sino que está muy fría.
Lleva él mismo el relato de la película, apareciendo entrevistando o conversando con historiadores, familiares supervivientes suyos o de quienes se quiere exhumar su cuerpo, pero también comentando en voz calma y algo dubitativa sus pensamientos y reflexiones a partir de lo que va explorando y sintiendo. Unas de estas reflexiones que más llegan se dan tras la mirada atenta de las fotografías del frente que sacó Francesc Boix, o de los militares sublevados, en Salamanca, provincia de sus abuelos y donde se hacen las excavaciones.
La incredulidad inicial por el poco valor otorgado a la vida humana va dando lugar al descubrimiento de todo un sistema imparable de eliminación del contrario. Una escena muy reveladora recoge en el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca alguna de los más de dos millones de fichas confeccionadas con constatadas acciones “izquierdosas” de la población, que serían tenidas muy en cuenta para la persecución posterior. Y parece quedar claramente justificada la necesidad de intentar acabar con el desasosiego de tanta familia, para ver si, exhumando esos cuerpos, conociendo esos papeles que documentan tanta atrocidad y tragedias, se puede frenar su retorno en el futuro.
La divertidísima tía de Ricardo Íscar demostrando su enorme memoria.
Y Ricardo Íscar con su hijo.




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