El año pasado di con “Dieu sait quoi” (1994), un extraordinario ensayo de Jean-Daniel Pollet, un cineasta de la Nouvelle Vague que tuvo siempre una gran aceptación crítica, y me quedé perplejo. Desde su sketch en “Paris vu par…” (1965) lo tenía asociado a Claude Melki, actor principal también en su largometraje que se estrenó por aquí, “L’amour est gai, l’amour c’est triste” (1971) y muy singular, desde su aspecto físico de pobre tipo hasta sus involuntarias (o no) payasadas.
Ahora en Arte puede verse “L’acrobate” (1976) y en ella Melki es un empleado de local de baños, masajes, sauna y duchas con poco predicamento con las mujeres, que se da de narices con el tango y lo ve como una forma de éxito en la vida… sin que su situación personal, de en el fondo enorme soledad, sin que nadie lo tome en serio, tome otro cariz.
El tango -en salones y en concursos, pero también en medio sórdidas habitaciones y en los pasillos del establecimiento- llena la película, transmitiendo su constante y repetitivo soniquete.









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