Los viernes tengo por costumbre ponerme después de comer ante el televisor y revisar qué novedades aporta Filmin.
Suele ser un momento en que lejanamente recupero ese otro en que estudiaba minuciosamente la cartelera de un gran periódico o de una publicación especializada para seleccionar, sin que se me escapase ninguna joya escondida,las películas que vería el fin de semana. Aquí ahora voy mirando una a una las nuevas películas incorporadas a la plataforma, si no las conozco miro su trailer (y la mayoría de las veces lo cierro de forma inmediata, al ver que va con un espantoso doblaje que me ahuyenta) o consulto un mínimo de documentación, para saber si la he visto y qué pensé de ella en su día, saber de su realizador o tener alguna opinión fiable sobre su interés y, si algo de eso se da, la paso al apartado de “guardadas”, para verlas en cuanto tenga el momento oportuno para ello.
Pero he puesto “lejanamente” al hablar de ese sentimiento compartido con el de cuando escarbaba entre los estrenos y no me saltaba ni uno especialmente interesante, y lo he hecho porque habitualmente el recorrido es decepcionante, por lleno de mediocridades o propuestas de lo más standard, que no sorprenden ni una migaja, con lo que la cosecha suele ser escuálida.
En cambio, luego será lo que será, pero las propuestas de hoy al menos no puede decirse que sean más de lo mismo. Serán luego un plomazo, pero por lo menos escapan de ese equivalente al MRI, el Modo de Representación Institucional del que hablaba Noel Burch, o cuando menos esa es la apariencia que, antes de verlas, dan.
Las razones hay que encontrarlas, sin duda, en que incorporan parte del programa del Docs Barcelona y toda una colección de piezas de bajo presupuesto que conforman el Filmin Music Fest.
Por lo menos prometen un buen tiempo para descifrar qué aportan de la ilusión suscitada.


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