miércoles, 19 de agosto de 2026

Hay un camino a la derecha

La foto del jovencito Pomés.

Hace ya unos años, en los primeros tiempos tras su traslado a la sede actual, en la Filmoteca se pudo ver una exposición que mostraba un enorme plano de Barcelona en el que estaban señalizados los sitios de rodaje de las diferentes películas de Rovira Beleta,
Siempre me había alejado de un título del director tan moralista de vieja escuela como “Hay un camino a la derecha” (1953), pero viéndola pasar por el canal Flix Olé, me decidí finalmente a grabarla y, esta tarde, después de comer, por fin la he visto. Es lo que anuncia el título, con un final bochornoso de exaltación a la familia, antes una policía casi sacerdotal y una elegía al chivato, pero debe reconocérsele su dinamismo y sobre todo, el documento de la Barcelona de su momento de rodaje, cuestión que, ciertamente, colabora a hacer de Rovira Beleta un auténtico referente para estas cosas.
La primera imagen que cuelgo no es un fotograma de la película, sino la primera fotografía que hizo Leopoldo Pomes, a los 14 años, con una cámara que le acababa de regalar su padre. La cuelgo porque no he sabido encontrarlos por internet, pero varios planos de la película reflejan aproximadamente eso, la entrada del recinto del puerto, su ajetreo y hasta uno de los dos trenes a vapor cruzándose por ahí.
Eso y muchos planos de los tinglados del puerto pueblan la película, pero no únicamente. Aparece, esplendoroso, el mercadillo de frutas y verduras que tenia lugar en la calle de l’Arc del Teatre y, más cerca de las Ramblas, el glorioso Quiosco de la Cazalla, donde Paco Rabal qué va a pedir para tomarse, si no es una cazalla. También el Paralelo y hace gracia la incidencia en recalcar, hasta enmarcando su placa, la calle Anglí, tan diferente de su presencia actual.
Pero la emoción de la visión ha llegado al límite al ver que la película descubría entornos del Hospital Clínico hoy invisibles debido a los añadidos y reformas que en él se han ido dando. Hasta por un momento, entrando en una fase fúnebre del film, me he pensado que me iba a descubrir por fin lo que tanto estuve persiguiendo, que me hizo llegar a entrar hasta en la sala de disecciones y morgue, la reformada de la que aparece en la película. Pero no, no acaba de dejar claro el sitio específico en que Pasolini dio en los años 60 una por varios motivos excepcional conferencia.







El niño se aúpa, precisamente, en el muro y verja que separaba los muelles de la ciudad.

 

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