Me he hecho el propósito de volver a ver todos los Lubitsch que pueda, para ir seleccionando secuencias que lo definan y, puesto que este Wimbledon ya ha perdido mi interés y la etapa del Tour de hoy se anunciaba bastante anodina, en su lugar me he pasado el primero que tienen disponible en Filmin, “Madame Dubarry” (1919).
Creía que iba a ver un drama histórico de mucho cuidado, y a primeras de cambio su humor me ha desorientado. Todo el ascenso meteórico de Jeanne desde sombrerera hasta favorita del rey es bastante divertida y pasa como una exhalación. Además, el embajador español me ha recordado mucho a Salvador Escamilla o a Luis Del Olmo, mientras que el ministro me ha ocasionado otro tanto acercándomelo a Mastroiani (que ya vistió de esa guisa). En sus papeles principales, Pola Negri va de histriónica subida, mientras Emil Jannings (Luis XV) y Harry Liedke, a su lado, se ven como la discreción en persona.
El melodrama, hasta llegar a desatado, surge por la mitad. El rey juega a la gallina ciega con su amante en la Corte, mientras la insatisfacción del pueblo va en aumento. Tanto es así que -licencia poética con la historia- tal parece que la revolución francesa, encadenada de forma acelerada por el final, parece haberla ocasionado, involuntariamente, nuestra chica





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