martes, 7 de julio de 2026

Les hautes solitudes



Sólo para espectadores avezados, de esos que saben del misterio que puede desprender y transmitir el (buen) cine.
En Arte, pero en el Arte francés, puede verse “Les hautes solitudes” (Philippe Garrel, 1973), una película sin sonido, en blanco y negro, con trozos impecables, otros con una fotografía muy decaída y hasta granulada, del periodo inicial del cineasta francés, aún sin claudicar ante ninguna de las imposiciones del cine comercial.
Primero Nico, luego sobre todo Jean Seberg adquiriendo carácter de “protagonista”, también Tina Aumont. Y, con mucha superficie reflectante, Laurent Terzieff. Rostros a veces alegres, casi siempre sufrientes.
Sólo en una ocasión los planos están separados por un fundido en negro, que transporta al misterio del cine de los orígenes. Pero, salvo en ese caso, todos van uno tras otro por corte, y se acaban dando la impresión de que se ha agotado la cola de película obtenida para filmar.
El encuadre perfecto, la profundidad del retrato logrado con la complicidad de esas actrices, ese blanco y negro,… dotan a la película de un aura que la sitúa a medio camino entre el film familiar, el “ahora me han entrado ganas de filmarte: sigue donde estás” y cierta experiencia mística, como la que trasmitía intensamente el milagro final de “Ordet”.
Pero no son sólo unos ‘rushes’ sacados por el cineasta, bellos encuadres de tres mujeres que le son muy próximas. Garrel intenta contarse a sí mismo una historia íntima y contárnosla a sus espectadores. Habla de ellas y, por lo tanto, habla de si mismo.












 

No hay comentarios:

Publicar un comentario