Esta mañana, primera incursión en la exposición sobre Godard de la Virreina, y suerte que estará ahí hasta entrado del mes de octubre, porque se muestra inacabable.
En un recorrido inicialmente detallado y en seguida, viendo el reloj, únicamente superficial, de dos horas totales, se alcanzan un par de conclusiones:
1/ El buen trabajo que ha desarrollado Manuel Asín y demás del equipo creador de la exposición. Las cartelas orientativas generales y la selección de documentos se ve insuperable. Un único pero para su ejecución técnicca: he tenido que instalar la aplicación de linterna en la tableta para poder leer alguna cartela o pie de foto.
2/ La cantidad de días que se ha de pasar si realmente quieres dar cuenta de los vídeos que pueden verse en ella. Videos necesarios, porque en ellos se encuentra uno con un Godard torrencial, pero bastante claro, manteniendo una línea coherente y suficientemente comprensible. Diciendo cosas importantes. A tenor de esto, podría reabrirse de nuevo la polémica sobre si tienen un buen matrimonio cine y exposición y en qué condiciones.
Ya en la primera sala, dedicada a Barcelona, dos extrañezas:
1/ ¡Lo que me ha costado dar con las localizaciones de la cámara en las imágenes de “Film Socialismo” en que aparece la ciudad, que reproduzco en las fotos numeradas como 4 y 5. En la que lleva el número 4 he reconocido rápidamente el edificio del Banco Español de Crédito, pero entonces ¿qué eran las dos esculturas negras que aparecen a su izquierda? En la que lleva el número 5 reconozco la casa Pasqual i Pons (Passeig de Gràcia/Ronda Sant Pere), pero qué terraza de bar y qué vegetaciones son las que la rodean? Me ha costado volverlo ver a ver varias veces y finalmente hacerles las fotos que presento para entender en ellas, fijadas, que son los sitios reconocidos, pero tomados desde lejos con una óptica muy deformante.
2/ En la banda sonora del mismo “Film socialisme” aparece un grito (que noto angustiado) de mujer que siempre interpreté como “Elssie!”, pero que en los subtítulos ponen “Alisse!”. Yo pensaba haber reconocido el grito, asomándose a la escalera del edificio, de la madre que ha preparado la comida y nota que su hija se retrasa en “M. El vampiro de Dusseldorf” (Fritz Lang). ¿Estaba en un error?
Y otro apunte final: Un amigo me ha hecho ver, en un pequeño monitor (imagen 7), los siete demoledores miutos durante los que Godard deja a caldo a los operadores de cámara y técnicos de sonido en el rodaje de una sencillísima escena de “Nouvelle Vague”, con (un cariacontecido, sin atreverse a chistar) Johnny Halliday.
(Continuará)
4
5
Rodaje del final de "A bout de soufle"
Raoul Coutards
7








No hay comentarios:
Publicar un comentario