martes, 14 de abril de 2026

Sesión Anahit Simonian

Anahit Simonian, que no cabía en sí de gozo, es una persona muy discreta, y se confesó no obstante preocupada ante tanta atención, y verse en la pantalla tan enorme como la habían representado. También explicó que suele ir vestida, cuando toca el piano en una sala de cine, con un vestido oscuro, para no restar protagonismo a la pantalla, pero que ayer había ido, conscientemente, vestida de colores primaverales.

Tengo un problema con films de vanguardia que se apoyan en gran medida en la animación, los efectos luminosos, las geometrías. Los puedo contemplar un tiempo… limitado, y los acepto y hasta disfruto, generalmente, cuando acuden a la figura humana o un entorno naturalista, en el que se puede urdir, aunque sea mínimamente, una historia, un sentimiento. Esto abarca no solo todo ese cine experimental alemán de entreguerras, sino también otras obras de la vanguardia clásica, incluyendo por ejemplo, la de Man Ray.
Por otra parte, entrando ahora en el tema de la música en el cine mudo: hay quien no soporte que se asocie una cinta con una música que no sea la pensada originalmente para la película, aunque no exista o se haya perdido totalmente esa. Les doy frecuentemente la razón, al entender que en ocasiones eso puede suponer una tergiversación horrorosa de la obra original.
Pero ayer, en la sesión de las 20h de la Filmoteca, me pareció ver en la composición pensada y ejecutada por Anait Simonian la perfecta banda sonora para atender a “Emak-Bakia” (Man Ray, 1926). Música de ensueño inicial y final, mientras la pantalla muestra sus imágenes flotantes; música con notas sueltas que marca la pauta rítmica para los saltos de diferentes elementos; siempre la emoción acrecentada con las estilizadas imágenes de la mujer subiendo y bajando o en el bólido de época, del ajedrez, y de otras con humanos del film. Me dio la impresión de estar viendo, en esta ocasión, un Ray, una “Ema-Bakia”, totalmente vivificados.
El famoso film de Man Ray inició la segunda sesión con intervención suya del ciclo dedicado a la pianista, que también incorporaba otra obra tan famosa como “At land” (Maya Deren, 1944), para la que Simonian (que en el coloquio explicó que tuvo grandes dudas sobre si no era mejor dejarla sin música, porque veía que es perfecta para ver sus imágenes sin sonido alguno, y que toda música le puede resultar bien superflua) ejecutó una música en esta ocasión completamente diferente, sencilla y profunda. Quizás hasta denotando ese respeto, de no quererse imponer ante esa película con la que, según Carlos Tejada en el libro que dedicó a la directora, Maya Deren acababa ya de exorcizar sus fantasmas personales.
Sin temer la comparación con dos obras gigantes como las nombradas, Anahit Simonian organizó la sesión intercalando entre ambas y finalizándola con dos obras del fotógrafo (y pareja y padre de sus hijos) Guillaume Poussou.
A mi, una persona limitada para atender lo explicado al principio, la que -hechas las conversiones de escala económica precisas- situaría a ese nivel sería la de menores ambiciones artísticas, “De l’autre coté” (2023), en la que el juego con el relato de Lewis Carroll les hace dialogar -vía piezas del puesto del ajedrez- con el cortometraje de Maya Deren. La hija pequeña de los dos artistas (en este caso él a la cámara y ella al piano) lleva la narración, inicialmente a base de capturas de fotogramas sueltos, siempre con una sencillez y espontaneidad artística envidiable, constituyendo una pieza artística, pero que no abandona su carácter de original y logrado film familiar. Para “Novo mundo live / Dream Machine” (2026), Guillaume Poussou nos avanzó, a modo de azafata por los altavoces de un avión, su deseo de que tuviéramos un buen vuelo, y para ello piano y una extraña máquina con un tronco lleno de electrodos incorporada (ver la -demasiado oscura- foto que le hice al finalizar la proyección), cuyos sonidos no supe diferenciar en algún momento de los del piano de Anahit Simonian al que estaba conectada, envolvían y a veces punteaban (ruidos de agua, por ejemplo) unas imágenes llenas de reflejos en una historia simbólica, con ciertas repeticiones para recalcar cosas


De la de Man Ray

Ídem

De l’autre coté.

Alice

At land

A la izquierda, el tronco reseco con sus cables. A la derecha, los aparatos de control de la caja metálica que era lo único que veían los espectadores.

La familia al completo.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario