jueves, 16 de abril de 2026

Les deux timides



Recuerdo como Ricard Salvat hablaba -parecía que con deferencia y cierta admiración, pero al tiempo preso de la fatalidad- de Labiche y “la pièce bien faite”.
Viendo “Les deux timides” (René Clair, 2028), no puedo sino sumarme y derivar todo el aprecio a la película esencialmente hacia los magistrales encuadres que consigue el realizador.
Ahí está, para demostrarlo, esa mano del abogado defensor que entra flotante una y otra vez en cuadro. Un cuadro que nos muestra al acusado de maltrato encantado oyendo las floridas aclaraciones que está vertiendo el propietario de la mano sobre su supesta buena fe y actividades.
Es sólo un ejemplo, bien cinematográfico, al que sumar otros conseguidísimos planos, como el de los tres jueces, mayestáticos, tomados en contrapicado en sus poltronas tras haber huído vergonzantemente del ratón que por ahí había aparecido, o bien el de esa audición de una temible cantante, y la respuesta de cada asistente en sus primeros planos.
Por no hablar de las bellísimas escenas del paseo de la pareja de novios por el campo. Y también, claro, de esas pantallas divididas para mostrar las divergencias entre las diferentes explicaciones.


François Truffaut, en “Julen en Jim”, vuelve a utilizar la acumulación de platos en el servicio del camarero para marcar el coste de las composiciones…y el paso del tiempo.






 

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