jueves, 3 de abril de 2025

Documenteur


Es uno de los dibujos que aparecen en “Documenteur” (Agnès Varda, 1981), una áspera, con encuadres muy estudiados, película rodada en Los Ángeles que pinta como pocas el desarraigo de una mujer intentando montar una nueva vida sola con su pequeño hijo (interpretado por el propio hijo de la cineasta, Mathieu). Creo que no la había visto nunca, y ahora está en Filmin.
El niño de la izquierda no, pero la pareja bien podría pasar por un dibujo de Javier de Juan.




 

miércoles, 2 de abril de 2025

¿Qué miras?


Pues ya he visto los cinco episodios de la serie “¿Qué miras? (Caixaforum +) … y se me ha atemperado bastante el interés despertado por el primero.
No siempre los fotógrafos pueden decir con sus palabras cosas a igual nivel de interés que sus fotografías, pero además veo que se cae bastante en temas que están a la orden del día ( identidad de género, liberación de la mujer, etc) y que los comentaristas entran en un lenguaje que se me antoja trufado de palabras y frases recalcando eso de forma algo impostada, excesivamente elaboradas.
Estando curioso cómo se repite formalmente el inicio de desplazamiento de los comentaristas hasta reunirse, me interesa más la segunda parte de cada programa, con su grafismo pero, sobre todo, con el análisis a fondo -mostrado como explicación efectuada por la propia imagen- de una fotografía histórica de Magnum.
¡Ah! Por cómo van vestidos los comentaristas de las imágenes que se les presentan, debió grabarse en verano.
Salvaría, básicamente, el episodio 4, con Emilio Morenatti, que habla como fotoreportero en entornos de grandes crisis, tocando temas que a mí, personalmente, me llegan bastante más. En ese episodio, además, apreciamos la seria apariencia de Jesús Núñez Villaverde, del Instituto de Estudios sobre Conflicto y Acción Humanitaria, quien está claro que sabe de circunstancias dramáticas que no llevan a elucubraciones y chácharas cara a la galería.

(Morenatti explica que tenía sólo diez minutos para bajar del helicóptero que llevaba urnas a un perdido y aislado valle del Afganistán, hacer rápido alguna foto y volver a subir al helicóptero si no quería quedarse ahí ya para los restos. La fascinación de las niñas por el helicóptero le permitió hacer esta hermosa fotografía) 

martes, 1 de abril de 2025

Esteve Riambau en las Proclamas Políticas de Ombres Mestres

(No es un escrito mío, pero ante tan generoso apunte, guardo en este blog-almacén la entrada de Esteve Riambau de ayer noche):

Exhaustiu recorregut de Juan Manuel Garcia Ferrer per les Proclames Polítiques al llarg de la Història del Cinema. La sessió de les Ombres Mestres al Cineclub de l'Associació d'Enginyers Industrials revisava fragments emblemàtics de diverses circumstàncies polítiques, des d'un agafat pels péls "Napoleon" d'Abel Gance fins la desfilada final de Nanni Moretti a "Il sole del futuro", No hi ha mancat l'escena inicial d'"El triomf de la voluntat" de Leni Riefenstahl (sense la desfilada posterior amb la mà mesiànica de Hitler), els magnífics diàlegs anticomunistes de "Ninotchka" o l'emotiu final de "This land is mine", amb Charles Laughton llegint la Declaració dels Drets Humans als seus alumnes abans de ser detingut pels nazis. No podia faltar una escena nacionalcatòlica d'"El frente infinito", una notícia de Laya Films, un pla-seqüència de Miklós Jancsó amb cavalls i un helicòpter vermell o diverses escenes de "Retour à Reims". A destacar dues notes exòtiques amb els finals d'un film xinès de la Revolució Cultural i el d'un melodrama nord-coreà tan ensucrat que semblava fet a Hollwywwod.

Segur que el public -amb la presència de velles glòries de la crítica- ha sortir amb la seva llista de mancances. A la meva hi posaria Amèrica Llatina, amb el cinema de la Unitat Popular xilena, el peronista Fernando Solanas, el bolivià Jorge Sanjinés o el mexicà Paul Leduc. Perque, quan parlem de proclames, volem dir propaganda, no? No es cap matís pejoratiu. Com ha dit el ponent a l'inici de la sessió, "cada film transmet un missatge polític". I jo afegiria: "Cada proclama política te el seu destinatari". Hi ha films a favor i en contra, per convençuts i per reticens, d'acord amb la dreta o amb l'esquerra. Particularment interessant es quan el context històric canvia el sentit d'una mateixa pel·lícula. Com en el cas de "La grande illusion" de Jean Renoir, elogiada com a pacifista abans de la segona guerra mundial i denunciada com a col·laboracionista després. Aixó ens hauria portat a parlar de Marc Ferro i de la doble lectura històrica del film, però dues hores ben aprofitades ja no donaven per mes.





 

 

¿Qué miras?

Carátula del programa.

Visto en la plataforma gratuita Caixaforum+ el primer capítulo de la serie “¿Qué miras?” (2024), dirigido por Cynthia González y María Santoyo, realizado por Javier Ruiz de Arcaute.
En él, Joan Fontcuberta habla de su proyecto expositivo “Fauna”, que hizo en los años 80 con Pere Formiguera, y un equipo de tres expertos (el antropólogo Juan Luis Arsuaga, Clara Giménez Cruz -de la Fundación Maldita, dedicada a la detección y aviso de bulos- y Rafael López, de la cuenta http://xn--afirmacin-d7a.es/) discuten sobre lo que ven en las fotos producidas en el proyecto.
Luego se efectúa, con otro dispositivo, el análisis de la famosa fotografía que Philippe Halsman hizo a Salvador Dalí en 1948, cuando, como en el momento de “Fauna”, no existían los procedimientos actuales para retocar digitalmente las fotografías.
Montado y mostrado con habilidad y dinamismo en la Roca Umbert de Granollers, si los capítulos siguientes se mantienen a la altura del primero, ya tenemos una serie de análisis de la historia de la fotografía recomendable.

Una de las fotos de Fauna dadas a comentar a los tres inadvertidos comentaristas.


El “Dalí atómicus” de Halsman.
 

Bruno Dumont

Philipp Engel y Bruno Dumont, en el escenario de l’Auditori del CCCB, En la mesa, entre ellos, la placa - premio del D’A que acababan de otorgarle. En este certamen del festival hay placa para él y Joanna Hogg, además de la correspondiente al premio honorífico para Bela Tarr.


Poco antes de la sesión, Oscar Fernández Osorio me enseña la fotografía que acaba de hacer a Bruno Dumon. El rayo de luz que cruza el retrato en mi fotografía debe ser la espada de luz, estilo Guerra de las Galaxias, que aparece un par de veces en “L’empire”.

Festival D’A - 3 y 4
La pregunta que se imponía hacer a Bruno Dumont, hasta el punto que ayer era interesante ir para ello a la entrevista que le iba a hacer Philipp Engel, era qué le había pasado para dejar atrás la intensidad, impregnada de un cierto halo metafísico, de sus películas iniciales y pasar a esas últimas películas en las que predomina un tono caricaturesco total.
Pero ya respondió a eso, por su propia cuenta, ayer, en la presentación en el festival de su último film, cuando comentó que llegó a hartarse de hacer un cine tan trágico. Que haciendo “Camile Claudel”, que no es precisamente una pieza chistosa, se dio cuenta que se reían mucho él y Juliette Binoche, y se quedó pensando la jugada. Hizo entonces “P’tit Quinquin”, que era también un tema trágico, pero lo vendió como comedia… y funcionó. La vida tiene elementos de tragedia y de comedia a la vez, las fuerzas del bien y del mal generan siempre algo complejo, que hace intervenir esos dos mundos. Esa es la condición humana.
Será eso que tan sólidamente defiende u otra cosa, el caso es que “L’empire” (2024) me parece lo que en Cataluña se llama una “poca-soltada”, pero al tiempo es verdad que te ríes con unas cuantas de sus ocurrencias (quizás no tanto como con “Ma loute” (“La alta sociedad”)… y también llegas a apreciar en ella, por encima de las animaladas que se ven, que por momentos pone en juego y afloran a su superficie temas de gran vuelo. Y que él -quedó claro el domingo- valora igualmente tanto sus primeros films como los de su segunda etapa, diciendo que siempre se plantean los mismos temas en todos ellos.
Ya personados en el Auditori del CCCB ayer, Philipp Engel le preguntó de buenas a primeras de dónde le surgió ese misticismo latente en sus primeras películas como director. Su respuesta fue que no le surgió por el mismo cine, sino por su formación filosófica, por la que tuvo que plantearse las eternas cuestiones del bien, el mal, etc. De ahí le vino lo de hablar de otra forma, cinematográficamente, de cuestiones muy complicadas. Y esa ha sido su pauta de actuación siempre.
A partir de ahí, añadió otro dato sobre su idea previa a la gestación de su primer film, “La vie de Jesus’” (1997). Tenía por entonces un amigo con el que lo pasaba francamente bien, le gustaba mucho estar con él, pero resulta que tenía un problema: era racista. Dijo ayer que rodó “La vie de Jesus” para saber lo que tenía en su vientre ese chico, al que dibujó en el papel del protagonista, Freddy. De la misma forma, para saber por qué Freddy era malo, se embarcó recientemente en el rodaje de “L’empire” (2024). Allí se explica todo: era malo porque era hijo de Belcebú.
Volviendo a lo del tono de tragedia o de comedia de sus películas, señaló que hizo “L’humanité” ya sintiéndola como “p’tit Quinquin”, pero se frenaba él mismo. Con la serie (“Quinquin”) ya no se frenó. Trataba un tema serio, pero con puesta en escena de comedia.
Bruno Dumont se caracteriza, aunque ha llegado a rodar con grandes estrellas, como Juliette Binoche o Léa Seydoux, por utilizar en sus películas, incluso en papeles protagónicos, a actores no profesionales (“naturales”, les llamó él todo el rato), del mismo sitio en que se localiza la acción. Sobre esto versó mucho rato el coloquio.
Sostiene Dumont que tanto con el actor profesional como con el “natural” se ha de actuar buscando su registro. El actor natural no puede, evidentemente, ponerse a interpretar otros papeles que los que tienen en la vida real, como sí hace el profesional, que llega a captar en su mente el ideal del personaje. Son limitados, pero esa limitación es un tesoro, porque te obliga a pensar una puesta en escena acoplada a ellos. Explicó sobre esto una cosa muy divertida y a la vez muy significativa sobre el actor “natural” más característico de las series de Quinquin, el que hace del Comandante, que también aparece ahora brevemente en “L’empire”: Son tan limitados estos actores que no saben moverse por donde les dices, les tienes que poner toda una serie de marcas en el suelo y entonces se pasan todo el tiempo mirándolas, para no equivocarse. Pero, gracias también al montaje, de todo eso los espectadores no se dan cuenta. Viendo esas continuas miradas suyas al suelo, piensan que está actuando, creando su papel la mar de bien…
Igual que con los actores naturales hay que encontrarles su registro y limitarse a él, adaptando toda la puesta en escena para ello, con los profesionales, que son compositores de un carácter, también hay que encontrar su tono, la forma. Se debe ir regulando “el color” de su actuación en diferentes ensayos (lo que resulta un trabajo muy satisfactorio para ellos) y tienes el montaje para escoger el que más conviene. Pero también has de adaptarte a las características de cada uno de ellos. Preparando “France” se dio cuenta de que Léa Seydoux era muy divertida, y cambió todo lo pensado sobre su papel, que no era en principio cómico.
Sobre otros aspectos, como el del uso de los guiones, Dumont opina como también explicó Tarr el otro día: son útiles para facilitarlos y convencer a productores y financieros, pero nada más: papeles.
Por el final de la sesión dió una serie de pinceladas sobre la esencia de lo que persigue con su cine que me parecieron de gran interés. Las enumero aquí escuetamente:
-Yo no soy moralista. Procuro sólo mostrar, sin indicar lo que en mi opinión está bien y lo que está mal.
-Procuro encontrar formas con las que desequilibrar al espectador, hacerle salir de su posición de confort con todo aquello que conoce y se siente cómodo.
-También intento forzar a los actores procurándoles choques. Un ejemplo (ahora no sé si era de “L’humanité”): rodé la escena de amor sin ella, con lo que la pareja del actor era una pared. Choques de éstos ofrecen siempre resultados.
Acabó confesando las dificultades, cada vez mayores, con las que se encuentra para hacer su cine. Lo resumió con esta frase: “La gente ve el cine como lo real, cuando deberían verlo sólo como una proposición. Debido a esto, no quieren que ironices sobre la gendarmería, sobre los gordos, etc…”. Te van limitando.

Buscaba un fotograma de “L’empire” en el que éste grupo de compagnons van en sus blancos caballos (los vemos de espaldas) por el medio de una calle con casas a cada lado, para comparar el plano con otro muy parecido de “La vie de Jésus” en la que una serie de mozalbetes van agrupados en motocicletas, pero no lo he encontrado. Pero bueno, éste similar puede servir.

Y se correspondería con éste de “La vie de Jesús”. Dumont siempre rueda (como Kubrick, pero sin alterar los escenarios) cerca de su casa, por Pas de Caláis - Le Nord, y ese paisaje impregna todas sus películas.