viernes, 4 de septiembre de 2026

Flix Olé Terror años 80

Un deficiente nada políticamente correcto que aparece y hace sus números en la primera.

Los entusiastas del Festival de Sitges estarán poniéndose las botas. Flix Olé ha cambiado la temática de su segundo canal en Movistar+, pasando de infectos spaghetti-westerns a films de terror.
Buscando explorar terrenos alejados de la gramática dominante que proporciona por la cadena, hasta alguien que no sea un devoto frikie del género puede no digo ver entera alguna de estas películas -pues eso sería a todas luces enfermizo-, pero sí ver algún trozo, por aquí y por allá. Alguna de las películas se descubre que hasta está pensada y todas dan para investigaciones sobre, por ejemplo, la aplicación de la música contemporánea, aunque alguna se quede en repertorio de distorsiones.
Por hablar de dos de las proyectadas y medio vistas más recientemente:
-Trampa para un violador” (“La casa perduta nel parco”, Ruggero Deodato, 1980) es una especie de “Funny Games” (Michael Haneke, 1997) en la que lo más tramposo es la propia película, que se arrastra burdamente por todas las indignidades bajo la coartada del triunfo final del bien que astutamente desvela el título español. Un bien que ya ha dado muestras de estar más que devaluado durante la trama.
-Mucho más divertida (al menos inicialmente) es “Secta Siniestra” (Ignacio F. Iquino, 1982). Como la anterior, abusa de navajas cuyas puntas dejan rastro de sangre en la piel, aquí combinada con bastante salsa de tomate, pero al margen de su alocada trama (que va de los peligros de la inseminación artificial mezclada con las ganas del Ser Maligno, aupado por su séquito, de volver por este mundo), lo que la hace más curiosa y productora de sus buenas risas es su disparatado guión y, sobre todo, sus diálogos, que dirías obedecen a un concurso a ver qué guionista hace el más hilarante. Algún ejemplo:
-Ante el susto que le da una loca de las de antes (de esas que cada paso que daban tenían que ofrecer la idea de estar majareta perdida), cuando abre la puerta de las golfas en las que la tenia encerrada, una mujer exclama convencida un redundante “¡loca, cada vez está más loca!”
-La loca hace la gracia de insertarle una horca a uno de los protagonistas en los ojos, ante lo que su novia o hermana (ahora no recuerdo) le pregunta, viendo el estropicio: “¿Qué te han hecho, Frederick?
-Cuando otra mujer ve que el jefe de los satanistas le rebaña el cuello con su navaja de afeitar en un viejo ascensor del Ensanche en el que baja de su casa, suelta un indignado “¿qué hace? y, cuando cae en ello, no puede sino soltar un aún más indignado “¡Asesino!”
-“Me están saliendo unos bultos aquí. ¿No lo ves?”, pregunta ella, para seguir: “¡Claro que no los ves! ¡Estas ciego!” (lo que ya sabía desde unas cuantas escenas antes). Y, al darse cuenta de que ha podido ser un poco brusca, añade: “Perdona…”.
Al ciego en cuestión le hacen unas perrerías enormes que se ven con hilaridad, como ese ataque de murciélagos chillones.
Lo que no hace mucha gracia es lo que hacen a un pobre sapo, que ese me parece que no era un muñeco.
Lo malo de contemplar aunque sea mal y parcialmente estas películas, pese a ser, en efecto, de otra dramática que la ahora extendida, es el tiempo que se pierde, yéndose veloz, por la alcantarilla.


Una de las protagonistas de la película de Iquino (que en la cinta me ha par3cido firmaba como Steve McCoy), ante unas cuantas latas de atún Massó en la nevera.

 

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