Festival D’A - 5
Un enorme caserón al que le arrebatan y dejan sin techo, sin protección; una espada que cae del cielo para clavarse; el monstruo del lago amenazante; una antigua mina marina que acaba estallando. Desde su mismo inicio vemos en “El amor que permanece” (Hlynur Pálmason, 2025) que empiezan a darse procesos de deterioro y colapso, equivalentes a los que afrontan los padres de la familia islandesa protagonista de la película, en continuo reencuentro tras temporadas de separación.
Una cena familiar en la que distinguimos a los tres niños (los dos gemelos y su hermana mayor) e incluso al perro -Panda- protagonistas de “Juana de Arco”. A ellos se suman el padre (de un equipo de pesca de arrastre, con ausencias prolongadas de casa y retornos, y la madre, artista sin gran éxito que experimenta la huella del óxido. Pero “El amor que permanece” no es el negativo, el contraplano de la anterior, sino que la viene a englobar, conteniendo muchas de sus escenas. Por eso ya me parece bien el orden de visión adoptado en el D’A.
Con algún raccord (de un niño acariciando los suaves pollitos recién nacidos pasamos a un plano que nos muestra unas piezas de pollo hechas a la plancha) y secuencias (la justicia divina que acude contra el repugnante galerista) malévolas, la película presenta paisajes tan impresionantes como sólo
Islandia puede facilitar.
Parece que a la película, de vez en cuando, le cuesta avanzar, pero no veo por qué deba ser de otra forma: supongo que la cosa tratada, en la realidad, debe ir por ahí.
Yo, después de verla, sigo confiando en Pálmason, que ha ofrecido por el momento las dos piezas que más me han interesado de las que por el momento he visto.









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